Título
Mostres a sang / Muestras a sangre
Entrada nº: 1665
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En la terminología gráfica, el sangrado es una extensión de los contenidos de una página que define y asegura, técnicamente, la posibilidad de imprimir hasta el límite del papel. Es lo que se conoce como impresión a sangre. El sangrado es, pues, un gesto técnico, un aspecto formal necesario a la hora de elaborar un original destinado a la impresión.
Una prolongación de los contenidos (imágenes, tipografías, fondos…) más allá de los límites de la página que, paradójicamente, está destinada a desaparecer. Es decir, se trata de un residuo que asegura los probables pequeños errores de corte en la imprenta. Un residuo que, una vez realizado el corte, desaparece para siempre. Al igual que en el fuera de campo cinematográfico, el sangrado nunca llega a hacerse visible para la audiencia. En el cine, este concepto se refiere a una parte de la escena que no está en el encuadre delimitado por el campo óptico de la cámara.
Es aquello que no podemos ver, pero que completa la escena desde más allá de sus límites. Sabemos que está ahí, podemos incluso especular cómo es o qué ocurre y lo deducimos por aquello que sí podemos ver. Podríamos decir que la impresión a sangre provoca una situación similar en la escena impresa, con la diferencia de que, en este caso, el fuera de campo existe, también forma parte de la matriz, pero, en su reproducción, se elimina. Ahora, imaginemos que invertimos los términos. Imaginemos tan solo los fragmentos de papel, los residuos, que quedan después del corte de las páginas de una publicación. Pequeñas franjas de imagen que nos remiten a una escena ausente. Imaginemos la posibilidad de reconstruir la página tan solo mediante estos brevísimos fragmentos en los márgenes. El fuera de campo se convierte en la escena, el contexto se impone sobre el foco.
Encuadernación con ojal metálico.